domingo, 15 de julio de 2012

Animales (10) Animales esclavos I Romper el alma a un elefante

"Romper el alma es un crimen espiritual. La expiación entonces, presumiblemente ha de ser también espiritual. Habrá un castigo y la responsabilidad de este crimen será compartida entre los perpetradores de la captura y los domadores del animal, y también por aquellos que los ayudan y los inducen, zoológicos, dueños de circos y accionistas y todos aquellos que promueven o impulsan la exhibición del "artículo terminado" -y esto incluye a aquellos que pagan por ver a los animales actores-".

Intro

Hace unos años viajé con un amigo por el Norte de la India y recuerdo un monumental atasco saliendo de Delhi en el que, en medio del pandemonium de bocinazos por doquier, calor y contaminación, llegamos con el coche a la altura de un tipo subido encima de un elefante cargado hasta los topes que aguantaba parado a que la fila de vehículos de todo tipo en la que se encontraba se moviera. Sentado encima de su cuello el mahout gobernaba al paquidermo dándole toques en las orejas con un gancho metálico y a mí se me arruinó el día al mirar a esa pobre bestia inmersa en ese medio tan hostil a su naturaleza y la infinita tristeza que traslucía su mirada resignada, derrotada.


Días después volvimos a ver un grupo de estos animales, en la ciudad rajastaní de Jaipur. Estaba prohibido subir con coches o autobuses hasta la puerta misma del fuerte Amber así que los pacíficos gigantes decorados a la hindú se pasaban el día subiendo y bajando sudorosos turistas encantados de vivir la exótica experiencia.

El rato que estuvimos esperando me dediqué a caminar entre ellos, tocar sus pieles apergaminadas y ancestrales, a acariciarles sus delicadas orejas y a preguntarme si yo también debía subir en uno de ellos. Me
daba cuenta de que ello me haría partícipe de su explotación, mi dinero sostendría la cadena que los mantiene esclavizados desde pequeños, pero al menos ello también haría que su dueño cuidara de ellos, aunque sólo fuera por seguir sacándoles provecho. Difícil tesitura.

Al final el sofocante calor reinante y la insistencia de nuestro conductor hicieron que subiéramos en uno de los paquidermos hasta la misma plaza central del magnífico fuerte Amber, pero también que en mi conciencia se grabara otra muesca indeleble, no ya por aquel viaje subidos a su lomo, sino por haber conocido de cerca, aunque fuera un momento, la vida de esos desdichados seres,
lo suficiente para empatizar con ellos y su sufrimiento y grabárseme todo en algún profundo lugar de mi mente, donde se refugian las cosas que duelen.


Primera parte. Amenazas para la especie / El terrible phajaan

Las amenazas principales que pesan sobre el elefante asiático son la destrucción de su hábitat, la caza furtiva, las guerras (y las miles de minas que quedan detrás causan la muerte y mutilación de miles de animales) y la presión de las poblaciones humanas, siempre numerosas y siempre reclamando más tierras. A todo esto hay que sumar las enormes cuotas de captura para la domesticación. Estas circunstancias y el hecho de que los animales domesticados tienen una tasa muy baja de reproducción han situado a la especie al borde de la extinción en estado salvaje. De la subespecie de Sumatra (Elephas maximus sumatrensis) apenas quedan entre 2.400 y 2.800 ejemplares en estado salvaje, la mitad de los que había en 1985, tras perder el 70 por ciento de su hábitat en las últimas dos décadas. La gran mayoría de los al menos 15.000 elefantes que son usados por el hombre en el sudeste asiático tanto para fines turísticos como para acarrear árboles en la tala de bosques han sido capturados en la Naturaleza.

Para lograr el total sometimiento de los paquidermos en Thailandia y otros lugares de Asia se le somete a la práctica del Phajaan, el “adiestramiento” o “domesticación” de elefantes que se lleva a cabo desde hace siglos y que trata, en esencia, de "romper el alma" del animal. Básicamente los pequeños elefantes son separados de sus madres a temprana edad y los atan, los enjaulan y los muelen a golpes durante tres días.

Durante este periodo se les priva de comer y dormir y son sometidos mediante castigos físicos y psicológicos para conseguir esclavizarlos para el hombre.
En este proceso es frecuente ver a los «mahouts» empleando el «ankus», la herramienta tradicional para entrenar a los elefantes y que consiste en un palo largo con puntas de metal afiladas en su extremo, y que se utiliza para controlar a los elefantes. La simple amenaza de su uso, recuerda a los elefantes el dolor y permite que sean entrenados, lo que hace posible el manejo de los animales. Por supuesto, muchos de los pequeños elefantes mueren en el proceso.

Pasado ese tiempo, el animal obedecerá al escuchar la voz de su amo. Y su precio se habrá multiplicado
: hasta 45.000 euros puede valer un elefante domestico en Thailandia. Durante siglos, estos animales fueron símbolo del país. Hoy, explotados por la industria turística dentro o al margen de la ley, se encuentran en peligro de extinción.
En este articulo de Brian O'Biren llamado "Como romper el corazón de un elefante", se relata con detalle este terrible proceso.

Las imágenes del phajaan

La mirada del horror

Este pequeño elefante tiene apenas tres años, la edad perfecta para someterse al phaajaan, un cruel ritual de doma practicado por la tribu karen, del norte de Thailandia.

Adiós, mamá

El pequeño es conducido lejos de su madre, con ayuda de dos elefantes ya crecidos, que hace tiempo atravesaron ese mismo calvario. Cada año cien retoños pierden la vida durante el ritual de doma. Las hembras adultas pueden ser muy agresivas y a menudo son asesinadas.

Elefantes y mazmorras

Tres días sin comida ni bebida. Tres noches sin dormir, inmovilizado y golpeado a cada rato para que no logre conciliar el sueño. Al final obedecerá al hombre, por la cuenta que le trae: conoce el castigo que le espera si no hace caso o comete errores.

Herramientas de trabajo

La imagen muestra a los domadores tratando de encerrar al pequeño paquidermo en su jaula. Muchos de los palos tienen garfios en su extremo para golpear al animal hasta que obedezca. Ellos conocen bien sus puntos débiles: los oídos y la boca.

Magia negra y fuerza bruta

Un chamán participa de todo el proceso. Él es el responsable de aplicar los ritos de magia encargados de doblegar el espíritu del animal. Junto a él, los mahout, como se llaman los domadores de la tribu Karen, se encargan del trabajo físico.

Grita libertad

No importa cuantos decibelios alcance el llanto. Ya nada cambiará el futuro que le espera en circos para turistas o en las calles de las ciudades thailandesas, como gancho para conseguir unas limosnas más generosas. El turismo, sin saberlo, alimenta este negocio cruel.

Artículo de Palani Mohan, publicado el 08/08/04 en el suplemento semanal "Magazine".

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La triste suerte del elefante en Thailandia (video)





Segunda parte. Afortunadamente también existen personas admirables...


...que luchan con todo lo que tienen para salvar de los maltratos a estos animales, tan grandes como indefensos ante la maldad humana. En este enlace conocerán a Tony Nevin, un osteópata que en la Fundación Triángulo de Oro atiende a elefantes que han sufrido maltratos y en este otro conocerán la historia de Lek, una niña que desde que conoció su sufrimiento ha dedicado su vida a protegerlos y darles una existencia digna. 

Cuando Lek denunció la práctica del cruel phajaan en Thailandia recibió agresiones y amenazas de muerte de personas preocupadas por que su labor pudiera dañar la industria turística del país. Ahora regenta el Parque Natural de los Elefantes, a 56 kilómetros al norte de Chiang Mai, en el norte de Thailandia. Bean-recomendable. Asimismo les dejamos el enlace a la muy recomendable web Turismo Responsable, que informa de qué santuarios de elefantes (y otros animales como cocodrilos, tigres, o tortugas) thailandeses pueden llamarse como tales o son simples sacaperras de turistas. 

Muchos falsos refugios permiten tocar a los animales, bajo la supervisión del «mahout» (el entrenador de los elefantes), que espera, claro, una propina por este servicio. En algunos de estos pseudo-santuarios, los visitantes pueden verlos haciendo payasadas, pintando cuadros, ver cómo se alimentan a las crías o incluso hacerlo ellos mismos – pagando un suplemento en la mayor parte de los casos. Sin embargo hay otros como el ya citado Parque Natural de los Elefantes, el Thailand Wildlife Friends Foundation, el Boon Lott's Elephant Sanctuary o el Elephant Transit Home en Sri Lanka que sí se preocupan por la rehabilitación de los elefantes huérfanos, heridos o rescatados de los maltratos y en la medida de lo posible de reintegrarlos a la Naturaleza donde pertenecen.

Así pues si alguno de los que leen este blog es tan afortunado de poder viajar a alguno de estos países y sienten la curiosidad de conocer más sobre estos magníficos y nobles animales intenten si pueden visitar alguno de estos centros y si ven en alguna parte alguno de ellos siendo manipulado o humillado les rogamos no participen de la rueda de codicia que los esclaviza y destruye su alma salvaje.

Memoria (17) "Nuestro primer recuerdo es a los tres años y cuatro meses"

Martin A. Conway, investiga la memoria; ha sido profesor en la UIMP Barcelona

"Nuestro primer recuerdo es a los tres años y cuatro meses"

Tengo 60 años y empiezo a lograr un nivel óptimo para mi bienestar al usar mi memoria: su fidelidad a los hechos es cada vez más irrelevante. Nací en Darlington, Inglaterra. Investigo y enseño en la Universidad de Leeds. Para aprender, el arte y la ciencia son igual de necesarios.

09/07/2012 Lluís Amiguet

Batallitas

¡Cuánto descubro sobre mí mismo -y sobre los 'mí mismos' de todos ustedes- en amena charla con el profesor Conway! Ya no volveré a decir que alguien tiene mala o buena memoria según su fidelidad a los hechos. Porque nuestra memoria no ha evolucionado para ser una mera caja negra de los datos de nuestra existencia, sino para dar coherencia a nuestra identidad en coherencia con la idea que nos formamos de nosotros mismos. Tenemos recuerdos -más o menos ciertos- para construir nuestro yo y desde él poder cooperar con los demás. Por eso a los mayores les encanta contar batallitas, aunque en el fondo no gocen tanto al contarnos su vida como al recontársela a su manera.

¿Cuál es su primer recuerdo?
Juego a fútbol en el jardín.

¿Cómo sabe que sucedió?
No sé. Nadie sabe si lo que recuerda sucedió en realidad. Tal vez sí jugué o tal vez oí un día a mi madre: 'Martin de niño jugaba a fútbol en el jardín', y me imaginé a mí mismo jugando a fútbol. Esa imagen sería falsa; pero el recuerdo, no.

¿Hay algún modo de distinguir en un recuerdo lo real de lo imaginado?
No, porque la verdadera función de la memoria no consiste en recordar lo real.

Entonces, ¿para qué nos sirve?
Para darnos identidad y construir nuestro yo. Si el recuerdo es real o no es secundario.

¿Un recuerdo falso es igual de útil?
Sirve también para forjar esa identidad propia que nos permite interactuar con otros yo y así poder cooperar y sobrevivir.

¿Pero usted se ve a sí mismo jugando?
En nuestro recuerdo evocamos una imagen de nosotros mismos no siempre veraz.

¿Nos recordamos más guapos?
Nuestra imagen en un recuerdo suele ser mejor que la real, pero sobre todo es coherente con lo que creemos ser. Si me creo guapo, en el recuerdo seré más guapo de lo que era; pero si me creo feo, pero listo, me recordaré así más que como era en realidad.

¿Por qué recordamos unas cosas y otras no?
Recordamos los episodios consistentes con el conjunto de nuestro discurso biográfico, que es el que consolida nuestra identidad.

¿Eres lo que recuerdas de ti mismo?
Construimos nuestra memoria e identidad a la vez y al hacerlo también limitamos y enmarcamos lo que llegaremos a ser. Recordamos en el presente nuestro pasado y al hacerlo también prefiguramos nuestro futuro.

¿Cómo?
Si me recuerdo jugando a fútbol ya prefiguro una identidad de fuerza física. Si, en cambio, prefiero evocarme jugando al ajedrez, me construyo una identidad más reflexiva.

¿Cómo sabe todo eso?
Experimentamos. Por eso, sabemos que el primer recuerdo de los individuos de sociedades individualistas es más temprano que el de sociedades más gregarias.

¿El primer recuerdo de los japoneses es más tardío que el nuestro?
En Occidente nuestro primer recuerdo evoca un episodio biográfico sucedido de promedio a los tres años y cuatro meses. En cambio, el primer recuerdo de los asiáticos suele referirse a episodios de los cinco años.

¿De antes no recordamos nada?
Constatamos que un niño de seis años, por ejemplo, recuerda episodios anteriores, pero luego los olvida y, a los 10 años, cuando le preguntas por un primer recuerdo, evoca uno de los tres años y cuatro meses.

Es fascinante.
Asia y Occidente siguen estrategias bioevolutivas de cooperación diferentes. La madre occidental habla a su hijo como individuo -así ya le inicia el yo- antes que la asiática.

¿Cuándo empezamos a tener yo?
A los 24 meses sucede algo en nuestro cerebro que nos permite empezar a reconocernos como yo en el espejo. Así arranca el proceso que nos permitirá distinguir entre el yo sujeto y el mí objeto, Y llegamos a distinguirnos poco a poco en el Yo muerdo, pero también en el A mí me mordían.

¿La memoria varía según la lengua?
Los bilingües, cuando piensan en su primera lengua, tienen un primer recuerdo anterior al que tienen si piensan en la segunda.

¡Es verdad! ¿Y por qué?
Está relacionado con el momento de aprendizaje de las palabras. Porque la palabra es la llave del recuerdo. Le diré una palabra y dígame qué le sugiere: Restaurante. ¡Pero no se lo piense! Diga lo que se le ocurra...¡Ya!

¿Restaurante? Me dormí en una cena.
Si puede evocarlo es porque conoce la palabra restaurante. Un niño no recuerda algo hasta que aprende la palabra llave con la que clasifica ese recuerdo. Antes también almacena recuerdos, pero no podrá evocarlos hasta que no aprenda su palabra llave.

Sólo puedes evocar haber ido en bici desde el día que aprendes a decir bici.
Por mucho que antes ya fueras en bici.

¿Por qué contamos nuestra vida?
Porque disfrutamos contándola: la naturaleza nos gratifica con oxitocinas cuando explicamos -y nos explicamos otra vez- nuestra vida a alguien y de ese modo también haremos que los demás nos cuenten la suya. Es una estrategia de cooperación.

Si es que te dejan meter baza.
...Por eso, la cultura -escuchar es educado- refuerza esa tendencia cooperativa.

Leí que hablar de uno mismo activa los mismos circuitos de placer que el sexo.
Cierto, pero, además, ese placer para el ego dura más que el del sexo.

¿Por qué los viejos pierden memoria?
En realidad no es que la pierdan. Lo que sucede es que, con los años, aprenden a disfrutarla más y mejor que los jóvenes.

¿En qué sentido?
Son expertos en utilizar su memoria para maximizar su bienestar. Han aprendido a seleccionar qué prefieren recordar y a reinterpretarlo eliminando las incongruencias de lo sucedido con la imagen que se han construido de sí mismos. No es que se mientan: es que saben cómo contarse qué pasó.

A veces la memoria de los mayores también coincide con los hechos.
Sólo a veces y sólo en parte, afortunadamente. Por eso, cuantos más años tienes, más disfrutas contando tu -y subraye ese tu- vida. Y cada vez más a tu manera.

viernes, 13 de julio de 2012

Fundamentalismo (7) Blancos de la ira

"Eran tres. Entraron en la choza y empezaron a golpearnos a todos. Uno llevaba una botella de queroseno. Me agarraron entre los tres. Me inmovilizaron y empezaron a cortarme el brazo a machetazos. Cuando acabaron salieron corriendo con mi brazo y gritaron a mi madre que me echara el queroseno en la herida hasta que cauterizara y dejara de sangrar. Yo ya estaba desmayada..."

De la mano de Jon Sistiaga y "Blancos de la ira" conocemos la dramática realidad de la población albina en Tanzania, país en el que, por absurdas supersticiones, los albinos son considerados fantasmas o gente de mal fario y son mutilados o asesinados para utilizar sus órganos en conjuros de magia negra. Jon Sisitaga se introduce en este mundo de brujos y hechiceros para revelar una realidad desoladora de creencias ancestrales donde el ser humano aún puede ser sacrificado. Estremece bastante la escena en la que Sistiaga y un albino caminan por las calles de Dar Es-Salaam y la gente se gira a mirarle con desprecio y le insultan o dicen "dili, dili...", de "deal" en inglés, negocio. Citando al propio Sistiaga, "dicen los grupos que mutilar a un albino trae buena suerte o que violar a una mujer albina cura el SIDA... Estoy el en peor lugar del mundo para nacer albino y ellos son los seres más desprotegidos de África".



















Animales (9) Los animales y su ausencia III Pitusquiño y yo


Este simpático caballerete es Pitusquiño. Nos encontramos este vencejito en nuestra misma calle a finales de junio del año pasado, apretado contra el muro de una casa en instintivo gesto de protección, con toda la pinta de haberse caído del nido o haber calculado mal sus fuerzas en su primer vuelo. Tenía el plumaje ya desarrollado pero le faltaba un hervor de energía en las alas por lo que recogimos su cuerpecillo frágil y palpitante, lo subimos a casa y decidimos cuidarle hasta que pudiera emprender su primer vuelo con garantías.

Estuvo en casa un par de semanas, mientras se fortalecía a base de croquetas de pienso de los gatos empapadas en agua, desdeñando el propio para pájaros insectívoros que le había comprado. Porque ese detalle fue el que dió a su periodo de entrenamiento un toque de suspense. En mi casa viven gatos, dos en ese momento. Y claro, lo fliparon un poco cuando lo vieron. Se le acercaban al principio con pasmo y curiosidad, pero tras entender mis advertencias de que con ese pequeño ser no se podía jugar, lo miraban con resignación y cierta indiferencia.

Le improvisamos su vivienda en una caja que normalmente tenía en mi mesa de trabajo o lo dejaba en el balcón para que se familiarizara con los sonidos de los otros vencejos sobre el cielo de Malasaña, chillando como niños, alegres de vivir y de volar, aunque por las noches era mejor evitar felinas tentaciones y las pasaba en una habitación cerrada.
Cuando lo llevaba a la plaza a entrenar las alas, al veterinario o cuando se convirtió en el primer vencejo en viajar en Metro en el comienzo de su liberación, se agarraba con determinación al cuello de mi camisa o la cinta de mi bolso-marsupio, mientras le acariciaba la cabeza y él respondía cerrando sus negros ojillos y así yo iba con mi lindo brochecito pajaril por la calle, más contento que nada.

Al final lo soltamos en el cielo lleno de pájaros del chalet de mis padres. La primera vez en la que lo eché al aire se enganchó en una rama y cayó al suelo pero en el segundo intento, tras remontar aleteando con algo de suspense la valla de la finca y realizar un quiebro en el aire, desapareció volando por la finca de al lado, comenzando su sempiterna vida de volador pluscuamperfectoRecordemos que los vencejos mantienen un vuelo ininterrumpido (comen, duermen y copulan) durante nueve meses al año, anidando sólo en época de cría.

Me acuerdo de él a menudo
cuando los vencejos vuelven a sobrevolar algunas zonas de Madrid y siempre espero que ese lindo animalito pudiera salir adelante. Compartió su pequeña vida conmigo sólo dos semanas pero seguro que aparecerá en las filminas con los highlights de la vida del Juez Roy Bean, esas que dicen se nos cruzan por la mente cuando vamos a morir.

Droga (10) La marihuana sale del armario

La marihuana sale del armario

La prohibición de la droga sólo ha servido para convertir al narcotráfico en un poder económico y criminal vertiginoso que ha multiplicado la inseguridad y la violencia

Mario Vargas Llosa - El País 1 Jul 2012

Poco a poco, la batalla por la legalización de las drogas va abriéndose camino y haciendo retroceder a quienes, contra la evidencia misma de los hechos, creen que la represión de la producción y el consumo es la mejor manera de combatir el uso de estupefacientes y las cataclísmicas consecuencias que tiene el narcotráfico en la vida de las naciones.

Hay que aplaudir la valerosa decisión del gobierno de Uruguay y de su presidente, José Mújica, de proponer al Parlamento una ley legalizando el cultivo y la venta de cannabis. De ser aprobada —lo que parece seguro pues el Frente Amplio tiene mayoría en ambas cámaras y, además, hay diputados y senadores de los partidos de oposición, Blanco y Colorado, que aprueban la medida—, ésta infligirá un duro revés a las mafias que, de un tiempo a esta parte, utilizan a ese país no sólo como mercado de la droga sino como una plataforma para exportarla a Europa y Asia. Esta ley forma parte de una serie de disposiciones encaminadas a combatir la “inseguridad ciudadana”, agravada de un tiempo a esta parte en Uruguay, al igual que en toda América Latina, por la criminalidad asociada al narcotráfico.

“Alguien tiene que ser el primero”, declaró el presidente Mújica a O’Globo, de Brasil. “Alguien tiene que empezar en América del Sur. Porque estamos perdiendo la batalla contra las drogas y el crimen en el continente”. Y el ministro de Defensa de Uruguay, Eleuterio Fernández Huidobro, señaló, como razón central de este paso audaz, que “la prohibición de ciertas drogas le está generando al país más problemas que la droga misma”. No se puede decir de manera más lúcida y concisa una verdad de la que tenemos pruebas todos los días, en el mundo entero, con las noticias de los asesinatos, secuestros, torturas, atentados terroristas, guerras gansteriles, que están sembrando de cadáveres inocentes las ciudades del mundo, y el deterioro sistemático de las instituciones democráticas de los países, cada día más numerosos, donde los poderosos cárteles de la droga corrompen funcionarios, jueces, policías, periodistas y a veces deciden los resultados de las justas electorales. La prohibición de la droga sólo ha servido para convertir al narcotráfico en un poder económico y criminal vertiginoso que ha multiplicado la inseguridad y la violencia y que podría muy pronto llenar el Tercer Mundo de narcoestados.

Según las primeras informaciones, este proyecto de ley pondrá en manos del Estado uruguayo el control de la calidad, cantidad y precio de la marihuana y los compradores deberán registrarse y tener cumplidos 18 años de edad. Cada comprador podrá adquirir un máximo de 40 porros al mes y los impuestos que graven la venta se emplearán en tratamientos de rehabilitación y de prevención y en la creación de un centro de control de calidad del producto. En un comentario a la iniciativa uruguaya que leo en Time Magazine, por lo demás muy favorable a la medida, se recuerda el mal administrador que suele ser el sector público, y con buen juicio se deplora que no se deje en libertad al sector privado de llevar a cabo esta tarea, eso sí, bajo una estricta regulación.

En ese mismo ensayo se examina lo ocurrido en Portugal, donde desde hace una decena de años se legalizó de manera parcial la marihuana sin que ello haya traído consigo el aumento del consumo de drogas más fuertes, que es lo que suelen alegar que ocurrirá los que se oponen de manera irreductible a la legalización de las llamadas drogas blandas. Time Magazine recuerda además que, según las últimas encuestas, un 50% de los ciudadanos de Estados Unidos se declaran a favor de la legalización del cannabis. Extraordinaria evolución cuando uno recuerda la tempestad de críticas, y hasta de injurias, que recibió hace algunas décadas Milton Friedman cuando defendió la legalización de las drogas y predijo el absoluto fracaso de la política de represión en las que los gobiernos de Estados Unidos han gastado ya muchos billones de dólares.

El Gobierno del Uruguay, al atreverse a legalizar la marihuana, hace suyos muchos de los argumentos y estudios que viene difundiendo la Comisión Latinoamericana de Drogas y Democracia, que encabezan los expresidentes Fernando Henrique Cardoso de Brasil, César Gaviria de Colombia y Ernesto Zedillo de México, y de la que yo mismo formo parte con otras 18 personas, de distintas profesiones y quehaceres, de la región. Recibida al principio con reticencias y preocupación, y a veces duras críticas, esta Comisión ha ido ganando audiencia y respetabilidad por la seriedad de sus trabajos, en los que han participado siempre especialistas destacados, por su espíritu dialogante y la clara vocación democrática que la inspira.

El problema de la droga ya no sólo concierne a la salud pública, al descarrío de tantos niños y jóvenes a que muchas veces conduce, y ni siquiera a los terribles índices del aumento de la criminalidad que provoca, sino a la misma supervivencia de la democracia. La política represiva no ha restringido el consumo en país alguno, pues en todos, desarrollados o subdesarrollados, ha seguido creciendo de manera paulatina, y sí ha tenido en cambio la perversa consecuencia de encarecer cada vez más los precios de las drogas. Esto ha transformado a los cárteles que controlan su producción y comercialización en verdaderos imperios económicos, armados hasta los dientes con las armas más modernas y mortíferas, con recursos que les permiten infiltrarse en todos los rodajes del Estado y una capacidad de intimidación y corrupción prácticamente ilimitada.

Lo ocurrido en México es sumamente instructivo. El presidente Calderón, consciente del enorme riesgo para el funcionamiento de las instituciones que representaba el narcotráfico, decidió combatirlo de manera frontal, incorporando al Ejército a esta lucha. Los 50.000 muertos que esta guerra lleva ya en su haber no parece haber hecho mayor mella en las actividades criminales de los mafiosos, ni haber disminuido para nada el consumo de drogas blandas o duras en la sociedad mexicana, y sí, en cambio, ha desatado una creciente desesperanza y decepción hacia el gobierno, al que se reprocha incluso, con dureza, “haber declarado una guerra que no se podía ganar”. ¡Fantástica conclusión! ¿Había, pues, que bajar los brazos, rendirse, mirar para otro lado, y dejar que los pistoleros y traficantes de la droga se fueran apoderando poco a poco de todas las instituciones de México, que pasaran a ser ellos los verdaderos gobernantes de ese país?

Evidentemente, ésa no podía ser la solución. ¿Cuál entonces? La que, con gran mérito, está emprendiendo el gobierno uruguayo. Cambiar de táctica, pues la puramente represiva no sirve y es contraproducente, ya que beneficia a la mafia, a la que enriquece y confiere más poder. En las actuales circunstancias, la primera prioridad no es poner fin a la producción y al consumo de drogas, sino acabar con la criminalidad que depende íntimamente de estas actividades. Y para ello no hay otro camino que la legalización.

Desde luego que legalizar las drogas implica riesgos. Deben ser tomados en cuenta y combatidos. Por ello, quienes defendemos la legalización siempre subrayamos que esta medida debe ir acompañada de un esfuerzo paralelo para informar, rehabilitar y prevenir el consumo de estupefacientes perjudiciales para la salud. Se ha hecho en el caso del tabaco y con bastante éxito, en el mundo entero. El consumo de cigarrillos ha disminuido y hoy día quedan pocos lugares donde los ciudadanos no sepan los riesgos a los que se exponen fumando. Si quieren correrlos, sabiendo muy bien lo que hacen, ¿no es su derecho hacerlo? Yo creo que sí y que no está entre las funciones del Estado impedir a un ciudadano que goza de sus facultades llenarse los pulmones de nicotina si le da su real gana.

Siempre he tenido una gran simpatía por el Uruguay, desde el año 1966, en que fui a Montevideo por primera vez y descubrí que América Latina no era sólo una tierra de gorilas y terroristas, de revolucionarios y fanáticos, de explotadores y explotados, que podía ser también tierra de tolerancia, coexistencia, democracia, cultura y libertad. Es verdad que Uruguay pasó a vivir luego la atroz experiencia de una dictadura militar. Pero la vieja tradición democrática le ha permitido recuperarse más pronto que otros países y hoy, quién lo hubiera dicho, bajo un gobierno de un Frente Amplio que parecía tan radical, y un presidente de 77 años que fue guerrillero, es otra vez un modelo de legalidad, libertad, progreso y creatividad, un ejemplo que los demás países latinoamericanos deberían seguir

© Mario Vargas Llosa, 2012.

viernes, 6 de julio de 2012

Memoria (16) Siempre días azules




Las decenas de miles represaliados por el bando fascista durante y después de nuestra Guerra Civil fueron siendo olvidados poco a poco. Primero porque el régimen franquista lo impedía, después la transición española pidió paciencia y después, los herederos de aquellos que cometieron los crímenes argumentaron que ya era tiempo de olvidar y perdonar y que el resto era guerracivilismo.

En 1937, los hermanos de Isabel González y Asunción Álvarez fueron asesinados y arrojados a una cuneta en un pueblo de León, uno más de los innumerables casos que tristemente ocurrieron en aquellos días. Sin embargo ellas hicieron una promesa a sus familiares: recordar a sus hermanos asesinados. Setenta años después, a sus noventa y tantos años, a Isabel y Asunción no les quedaba mucho tiempo para cumplir su compromiso, hasta que, por fin, en el año 2002, consiguen abrir las fosas de los suyos.

Israel Sánchez Prieto dirige y escribe en el 2005 el guión de "Siempre días felices", una mirada al pasado, una mirada a aquellos que murieron durante la Guerra Civil en esas terribles circunstancias, a aquellos a los que la dictadura de Franco, la transición y la democracia exigieron obediencia y silencio. Les dejamos con la conmovedora historia de Asunción e Isabel mientras buscan cerrar su doloroso pasado antes de morir (Isabel falleció pocos años después) y así cumplir la promesa hecha a sus padres de honrar la memoria de sus hijos desaparecidos en la noche de aquella España tan negra, tan triste.

jueves, 5 de julio de 2012

Leopardo (5) El leopardo invisible

En este documental el naturalista Jonathan Scott nos muestra, tras una vida profesional volcada al seguimiento y estudio de los leopardos, por qué esta obra maestra de la Naturaleza es el felino salvaje más extendido y adaptable del mundo. Leopardo, esquivo y siempre solitario, el depredador total.